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DESENCADENADA DE ESTO Y AQUELLO

23 septembre, 2020 (12:01) | Non classé

     DESENCADENADA

 

       DE ESTO Y AQUELLO

 

 

Estimados Lectores de habla hispana,

 

Es sabido que la gente del Norte es dotada de una cortesía inhabitual en este mundo de masas que ya fue tan bien definido por Axel Honneth como la sociedad del desprecio.

La gente del norte sorprende por una delicadeza que no es más que el respeto por aquel que está frente a ellos. Esa cortesía no es más que el don de saber vivir et actuar en sociedad, eso que falta irrecuperablemente hoy por hoy en este mundo terrenal.

Les digo constantemente que debo huir de Paris rápido y que pienso que el principal motivo que bloquea mi candidatura es el que creen que yo necesito el mismo tipo de habitación que todos piden: lo más cerca posible del centro de la ciudad, cerca de lo que todos llaman “la modernidad,” maternidades, hospitales, jardín de párvulos, colegios, liceos, fastuosos centros comerciales donde ir de compras, ¡Y, cómo no! ¡Los fast-food!

Ante los cuales mi repugnancia es grandiosa. El resto no lo necesito.

Y, lo que yo pido no es más que una casa pequeña, o a falta de esto, lo que busco es un dos piezas que esté lo más alejado posible del centro de la cuidad, yo no necesito otra cosa que soledad, mar y naturaleza, el mar es mi necesidad primera. Para una persona como yo, instalada para siempre en la pobreza  querer vivir al borde del mar es una cuestión imposible, los arriendos se elevan a precios inabordables, en cambio una habitación donde par ir al mar no se necesite más que una hora de marcha a pie es posible y el precio se mantiene módico.

¿La gente?  ¡Por favor!  ¡Dios mío! ¡Lo más lejos posible!

Las comodidades que se han inventado no son para mí, me desencadenaré en pocos meses de las cadenas que desde hace años me han atado a contratos absurdos que desembocan en facturas esclavizantes que los industriales americanos inventaron para enriquecerse y atarnos a ellos para financiar sus locuras.

Dentro de tres meses finaliza mi “contrato” de la fibra, y decidí que no será renovado, decidí no estar nunca más esclavizada ni la fibra ni al teléfono móvil.

Esta sociedad del desprecio quiere todo rápido, la rapidez anega todo lo que necesita tiempo, paciencia y silencio.

¡La verdad de la vida no se encierra en “un clic!

¿Qué es lo que les pasa que no pueden escribir una carta?

¿Están todos locos?

Destruyeron con los correos electrónicos el lenguaje elaborado y exquisito que solo la carta posee, y con los SMS, el valor infinito de las palabras que salen de la mente humana, porque el mensaje del teléfono móvil es la expresión inhumana de palabras cortadas. Yo lo detesto. El teléfono es agresivo, se impone y desvirtúa todo. Ahora, que la administración francesa se ha introducido en nuestra intimidad, en el quehacer cotidiano de nuestras responsabilidades de ciudadanos ¡nos dice que no recibiremos nunca más correos, todo debe ser “desmaterializado!”

Yo les he respondido que conmigo deberán continuar con el envió de “correos en papel…”

Dentro de tres meses, en mi vida se habrá ya terminado el combate que me han forzado a seguir desde hace siete años, se habrán terminado procesos y tribunales; ya me he desprendido de fotocopias, cartas administrativas, acusaciones a mafias juradas y no escucharé nunca mas las frases abominables que me fueron reservadas.

Son los industriales los que nos ha impuesto como necesidades obligatorias y que debemos pagar con sacrificios intolerables.

El mes pasado una agencia de alquiler, había puesto en alquiler una pequeña casita preciosa, rústica, instalada en su sócalo de piedra, sin ninguna trazo de esas modernas cuestiones alambicadas que la modernidad nos impone, una casa de campo simple con vigas de madera en el techo, de tres piezas, el precio era la mitad de los 414 euros que pago por mi pieza HLM de 15m2. La dificultad residía en que, según el agente, era indispensable tener un vehículo porque estaba plantada en pleno campo, allí no encontraría absolutamente nada, es únicamente por eso que nadie se interesaba en arrendarla y que estaba libre desde hace ya varios meses y él me dijo que tenían hasta entonces enormes dificultades por encontrar candidatos.

¡El no haber podido salvar esta dificultad de la falta de transporte individual, fue mi más grande pérdida!

¿Cómo iba a pensar en el transporte? No me interesa comprar nada y aunque pudiese, sólo la tumba de Mamá ha merecido sacrificios sobrehumanos, jamás me sacrificaré por comprar un vehículo o bienes materiales, ¿Procurarme un vehículo únicamente para tener derecho a alquilar esa casita? ¡Eso es para mí impensable!

Una bicicleta, viviendo en pleno campo sería la solución, pero en tiempo de lluvias ¡Sería imposible desplazarse para procurarse los víveres!

¡Este único hallazgo se produjo en julio, de haber podido resolver el problema el transporte, yo ya estaría apaciguada et bien lejos de Paris!

Pobre gente, me digo, que no conoce el valor que se encierra en el envío de una carta, la que ha necesitado horas de pensamiento, la paciente búsqueda acertada de palabras adecuadas a la expresión de un sentimiento, que se encerrará en una redacción bien pensada, esa que necesita la escritura de una carta bien concebida.

Eso es una epístola bien elaborada, el respeto hacia aquel que abrirá un sobre hermético que ha tomado varios días en llegar al destinatario, y que encierra la ansiosa y antigua búsqueda por componer como una sinfonía la frase justa y elegante que la mente impone para hablarle en el silencio del enigma supremo que es la escritura.

 

 

Nadezhda Gazmuri-Cherniak

 

 

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