CARMEN FLORENCE GAZMURI-CHERNIAK

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DESPOJADA DE MORDAZAS

2 août, 2026 (17:18) | Non classé

 

DESPOJADA DE MORDAZAS

 

 

I

No creían en mi despedida final.

Creyeron que las amarras invisibles

Con que durante más de cuarenta años

Me mantuvieron asfixiada.

Creyeron que me dejarían.

Atrapada hasta la muerte.

II

Pero se equivocaron.

Creyeron en una huida.

No quise fatigarme.

En decirles las verdades escondidas.

Decidí despojarme de todo.

Ellos creyeron en una huida

Nadie supo que fueron las heridas

El acoso indiferente de garras intrusas

Y el hielo cortante de palabras insolentes

Pero yo no les dije nada.

 

III

Preparé el asunto con el método de serios cálculos

Y de meticulosos papeleos

Que no dejarían ningún trazo de una vida.

Hecha de sufrimiento, traiciones y risotadas groseras.

Desprecio y silencios.

 

IV

Ellas gritaron, rieron…

Pero yo les di la espalda.

Y junté mis pocas pertenencias.

Y preparé todo en silencio.

Sin miedo

Acostumbrada a luchar sola

No temí lo desconocido.

Ese miedo que en la vejez todo ser humano siente.

Yo enterré con mi Madre el miedo.

Se desvaneció la angustia en el momento de perderla.

Y su asesinato fortaleció mi cuerpo y mi alma.

Cuando espiando su respirar suave y lento

Yo me decía para mí, siempre sola,

Con mis solos pensamientos

Sin decirle nada a nadie

Que sin ella, me sería imposible seguir viviendo.

 

IV

Y yo espiaba su respiración al apuntar el alba.

Para saber si seguía con vida aún otro día.

Otra semana, otro mes.

Y otros años

Compartiendo en silencio mi vida.

Acompañándome cada minuto como en mi infancia.

Esperándome por la tarde pegada a la ventana.

Luego de mis prolongadas ausencias

Dejándola sola por ganar en esclavitud permanente.

Esos miserables francos inciertos

Y sumida día a día en

El permanente vejamen del desprecio

Por enseñar el subjuntivo

Los poemas de poetas españoles

Y los ensayos significativos

Destinados a generaciones desprovistas

de juicio y de pensamiento

De tantos jóvenes ignorantes.

 

V

Decidí sin dificultad que debía juntar mis pertenencias.

Y rechazar el pasado inscrito en pruebas.

Porque el pasado invisible quedaría grabado en mi cerebro.

Aunque me pidan pruebas

Yo les diré que he rasgado.

El pasado sangrante

Con una daga afilada.

 

VI

Ya no hay pruebas.

Destruí sin reparo.

Páginas y documentos amarillentos

Dejando vacíos mis armarios

Dejando vacíos los cajones.

Desapareciendo años de resguardo de trazos

Y de testimonios del sufrimiento

que dejaban las pruebas de una vida llena de deberes

De tareas agobiantes

De procesos obligados.

 

VII

Ellas creyeron en una huida.

Nadie supo que yo decidí respirar.

El viento de gigantescas avenidas

Ellas creyeron

Lo que sus mentes vacías ignoran

Lo que nadie sospecha y que solo yo sé.

 

VIII

Para saberlo sería preciso

Comprender lo inexplicable

Ese mensaje imperioso del destino

Que llama y que se desinteresa de tu esfuerzo.

Y qué indiferente, sin ayudarte en nada.

Solo te obliga a obedecer a su llamado.

 

IX

Decidí partir.

Desaté las esposas que herían.

Con su amarra brutal, mis puños.

Dejando mis manos entumecidas

Queriendo impedirme pintar y escribir.

 

X

Junté con esmero mis pocas pertenencias.

El viaje debía ser ligero, rápido y decidido.

Partí con el paso rápido.

Dejando todo sin mirar el asfalto grisáceo.

La respiración contenida

En el último  desgarro que da una tierra inhóspita

de caminos estériles

Donde te dicen que nada es tuyo.

Donde al final

Toda tu vida

Has vivido de « prestado».

Me fui con el sabor amargo del desprecio.

Con el ansia de recogerme en un nuevo hogar.

Aunque restringido y austero.

Porque las ciudades tienen un sabor.

Un perfume, una cadencia.

 

XI

Caminaré por calles desconocidas y soñadas.

El llamado del destino era un grito ahogado.

Pero nadie sabe lo que me ha dicho el destino.

Nadie sospecha las verdades escondidas.

Me desprendí de la asfixia.

Desaté las amarras de mis puños.

Vacié cajones y armarios.

Rasgué documentos inservibles.

Mis labios recogieron el soplo del viento.

Aspirando ansiosa  el sabor de la ciudad.

Una vez liberada del desprecio para siempre.

Dejé de ser una mujer amordazada.

 

XII

La premonición se hizo verdad.

Contada en suspiros, miradas, palabras.

Y esos ecos  lejanos de antiguas generaciones enterradas

Me verán llegar al final de las etapas cumplidas.

Para crear esta la última

¡Sí, la última que decide no regalársela a  Nadie!

No, no la regalo a nadie.

Esta última etapa es la mía.

Nadie me atará mis puños.

Para impedirme escribir y pintar.

Nadie me dejará atrapada en mentiras.

Nadie me acosará de calumnias y delitos.

Nadie nunca más

Podrá dejarme inerte y asfixiada.

Nadie me impedirá vivir libre.

La última etapa del ciclo de la vida.

 

XIII

Es por eso que rasgué con una daga.

El pasado de esta tierra inhospitalaria 

Hecha de caminos estériles

De voces mentirosas

Donde te dicen que nada es tuyo.

Y que todo lo que has vivido es prestado.

Junté mis pocas pertenencias.

Y cerré puertas y ventanas.

Que se acaparen de una estancia vacía.

Que se acaparen del vacío y de mi desprecio.

Yo estaré ya volando hacia vientos helados.

Hacia nuevos acentos

Hacia un espacio sideral

Cobijándomelos en la última etapa de mi ciclo.

Ya no habrá ni siquiera el recuerdo.

Y en un abrazo, el saludo de bienvenida será el comienzo.

De la última etapa de mi ciclo que se termina.

Pero que yo decidí que sería el mío.

Y esa última etapa no se la doy a Nadie porque… ¡Es mía!

 

 

Carmen Florence GAZMURI-CHERNIAK

NADEZHDA

 

 

 

 

 

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